jueves, 3 de octubre de 2013

No quiero hacer lo que quiero.

No sabemos por qué, pero constantemente nos pasa que no hacemos lo que queremos o lo que nos gusta; elegimos no divagar, no pensar, no soñar, no disfrutar. ¿Por qué? Quizá porque no queremos hacer esperar a nuestras obligaciones, cuando creo que nuestras obligaciones deberían ser nuestros deseos. Muchas veces no hacemos lo que queremos, postergamos o dejamos a un lado nuestros sentimientos, pensamientos que son realmente importantes aunque a veces nos parezcan tonterías, porque no somos libres; estamos presos de las responsabilidades que nos imponen otros.

Eso no significa que haya que dejar todo a la deriva, sino que no deberíamos encasillarnos tan sólo con nuestras propias obligaciones; que nos demos gustos, gustos personales. ¿Por qué si queremos irnos de viaje unos días no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta fumar cositas que nos hacen reír, no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta o nos apetece follar con alguien simplemente, no podemos? ¿Por qué tenemos que dejar de vivir por complacer a nuestros deberes cotidianos? Seguramente, porque casi todo está o mal visto, o prohibido, o sencillamente por nuestros propios prejuicios.

Otra teoría serían las etiquetas, si en un momento determinado nos apetece hacer algo con alguien, la pregunta es: ¿Por qué no? Si disfrutamos y nos divertimos haciendo algo que nos gusta a los dos por igual y nos satisface, es algo no es nada malo; pero enseguida etiquetamos y llegan los prejuicios "hacemos esto con alguien porque..." A mi no me gusta hablar de etiquetas, no me gustan y de hecho procuro no etiquetar nada ni sentimentalmente, ni en la amistad, ya que etiquetar a las personas es un defecto que nos llega de fábrica. ¿No sería mejor hacer lo que nos guste sin la preocupación de etiquetar?

La gente vive presa de sus propias exigencias porque no sabe plantearse qué es lo que realmente quiere. Creo que cada uno de nosotros deberíamos hacernos la misma reflexión: ¿Cuántas veces hago lo que realmente quiero hacer, y cuantos deseos postergo? Esta reflexión da mucho juego, a muchos ámbitos de nuestra vida.

Pero, por qué esperar a tener 70 años y saber que uno se está muriendo, para darse cuenta de que desaprovechó la mayoría de sus instantes porque no se planteó en el momento elegir entre una cosa y otra, cuál era su deseo. En este momento, mi mayor anhelo es que no me suceda lo mismo. Si en un momento tienes ganas de hacer algo hazlo, no retrases porque puede que ya no lo hagas.  

1 comentario:

  1. Estoy totalmente de acuerdo.
    El refranero nos habla de esos momentos que si podemos hacerlos hoy, no los hagamos mañana.
    Los mañanas se convierten en pasados y los pasados en nunca, y de esto te das cuenta en tu lecho de muerte, cuando miras a tu alrededor y sólo ves recuerdos bañados en el "y si...".
    La vida es corta, o eso dicen. ¡Aprovechémosla!

    ¡Buena reflexión!

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