miércoles, 23 de octubre de 2013

Guerra interminable.

Véndeme humo y desnúdame a tu aire, así sin más y sin prisa. Las luces de las farolas no avisan de que la noche aún no ha empezado, y nos queda toda la noche para descubrirnos entre sabanas y suspiros delirantes. No tengas prisa pero tampoco te duermas, que quiero perderme entre tus piernas. Ahora mírame, mírame a los ojos y dime que ya no te ves; esta noche no importa nada más, esta noche me dejo a tu merced, sumisa y fiel, te presto mi cuerpo, ya mañana cumpliré mi condena.

Emprendamos una lucha cuerpo a cuerpo, para comprobar quien pueda más, para arrasar con todo lo que aún quede en pie después del primer asalto.  Esto es lo que somos, bajo las sábanas, sobre los tapujos y las luces apagadas. Así que derrotame en tu cama, dejaré que me ganes pero despúes déjame que te grite mi rendición sobre tu almohada.

Dame un escrito donde te firme el final de la guerra sin paz que valga, para que siempre podamos volver a emprenderla, pues aunque ganes esta batalla, siempre volveré a por la segunda para hacer de estas luchas una guerra sin final predecible.

jueves, 3 de octubre de 2013

No quiero hacer lo que quiero.

No sabemos por qué, pero constantemente nos pasa que no hacemos lo que queremos o lo que nos gusta; elegimos no divagar, no pensar, no soñar, no disfrutar. ¿Por qué? Quizá porque no queremos hacer esperar a nuestras obligaciones, cuando creo que nuestras obligaciones deberían ser nuestros deseos. Muchas veces no hacemos lo que queremos, postergamos o dejamos a un lado nuestros sentimientos, pensamientos que son realmente importantes aunque a veces nos parezcan tonterías, porque no somos libres; estamos presos de las responsabilidades que nos imponen otros.

Eso no significa que haya que dejar todo a la deriva, sino que no deberíamos encasillarnos tan sólo con nuestras propias obligaciones; que nos demos gustos, gustos personales. ¿Por qué si queremos irnos de viaje unos días no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta fumar cositas que nos hacen reír, no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta o nos apetece follar con alguien simplemente, no podemos? ¿Por qué tenemos que dejar de vivir por complacer a nuestros deberes cotidianos? Seguramente, porque casi todo está o mal visto, o prohibido, o sencillamente por nuestros propios prejuicios.

Otra teoría serían las etiquetas, si en un momento determinado nos apetece hacer algo con alguien, la pregunta es: ¿Por qué no? Si disfrutamos y nos divertimos haciendo algo que nos gusta a los dos por igual y nos satisface, es algo no es nada malo; pero enseguida etiquetamos y llegan los prejuicios "hacemos esto con alguien porque..." A mi no me gusta hablar de etiquetas, no me gustan y de hecho procuro no etiquetar nada ni sentimentalmente, ni en la amistad, ya que etiquetar a las personas es un defecto que nos llega de fábrica. ¿No sería mejor hacer lo que nos guste sin la preocupación de etiquetar?

La gente vive presa de sus propias exigencias porque no sabe plantearse qué es lo que realmente quiere. Creo que cada uno de nosotros deberíamos hacernos la misma reflexión: ¿Cuántas veces hago lo que realmente quiero hacer, y cuantos deseos postergo? Esta reflexión da mucho juego, a muchos ámbitos de nuestra vida.

Pero, por qué esperar a tener 70 años y saber que uno se está muriendo, para darse cuenta de que desaprovechó la mayoría de sus instantes porque no se planteó en el momento elegir entre una cosa y otra, cuál era su deseo. En este momento, mi mayor anhelo es que no me suceda lo mismo. Si en un momento tienes ganas de hacer algo hazlo, no retrases porque puede que ya no lo hagas.