miércoles, 11 de septiembre de 2013

Felicidad auto-inducida.

Hay momentos en la vida de toda persona en la que uno se plantea que si realmente es feliz o sí, en parte, se fuerza a serlo. Y, cuando llegas ahí, ¿cómo te contestas? ¿Cómo se puede diferenciar la felicidad real, pura y brutal de la felicidad auto-inducida por la necesidad de evadirte de una realidad que no termina de convencer?

En ese punto, decides dejar que el tiempo campe libre y a sus anchas por tu vida, esperando encontrar a lo largo del camino algo a lo que acogerte; algo que, con solo pensarlo, te haga estar seguro de que en realidad sí que eres feliz. pero el silencio que tiene la noche te puede, y dejas el dilema para otro momento, uno de esos en los que el afán de auto-realización te guía y te lleva justo donde querías llegar. Sin embargo, ese momento nunca llega si no lo buscas, y escapa si no sabes aprovecharlo.

La pregunta a la quiero llegar es: ¿qué es ese algo que buscamos? ¿Familia? ¿Amistad? ¿Amor? Delimitaré estos conceptos, porque como tres de las grandes cuestiones de la existencia humana, son amplios y subjetivos. Con familia, quiero decir padres y hermanos; con amistad, aquellas personas que, aun sin compartir tus genes, estarías dispuestos a estar contigo bajo cualquier circunstancia; con amor... ¿quién puede delimitar el amor? ¿Acaso no engloba los dos conceptos anteriores?

Fingimos ser felices, y lo fingimos tan bien que conseguimos creernos nuestra propia mentira, sin plantearnos hacia dónde estamos yendo. Pero el tiempo es uno de los primeros sabios, y la vida un de las mayores putas, y no tardamos demasiado en volver al estado del que venimos: estado de tristeza, de una soledad vital que nos obliga a replantearlo todo, para después volver  a empezar el ciclo desde el principio y hasta el final.

Pero si hay amor.... las horas de silencio dejan de existir, y la noche se hace alegre y aúlla de felicidad. Todo parece cambiar, porque nunca puede ir todo mal si tienes alguien que te ama y a quien amar, porque el amor es algo bueno, algo que te llena y te realiza.

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