lunes, 23 de septiembre de 2013

Simplemente gracias.

"Por el cariño,
la paciencia cuando todo iba mal.
Gracias por esas cosas que no se deben contar."


Siempre habrá alguien al que tengamos que darle las gracias una y mil veces, por todo. Esta entrada es para ti, y para todas esas personas que sientan que deben de darle las gracias a esas personas que tanto les han ayudado. Porque una persona te puede ayudar tanto que puede hasta cambiarte la vida y la manera de pensar.







Llámalo X.

Unos labios rozaron sus caderas y sus ojos se cerraron, apagando el universo. Esa sensación infinita había vuelto a amanecer con la llegada de la noche, y si nunca había sido capaz de pararla, aquella vez no iba a ser una excepción.

Todos y cada uno de los poros de su cuerpo se estremecieron al contacto de unas manos extrañas que recorrían su cuerpo como si lo conocieran mejor que el mismo, como faros que deambulan por las vías de una autopista buscando un destino cuando menos incierto.

El corazón le bombeaba hasta casi suplicar que lo sacaran de aquel pecho que, momentos antes, había estado habitado por unos ojos que anhelaban consuelo. Su consuelo. El éxtasis se le subió a las pestañas, impidiendo con su peso que aquellos ojos, carentes ya de norte, de sur y de dirección, se abriesen de nuevo.

Sus manos pedían auxilio para soportar el peso de la huida de tanta tristeza, que escapaba despavorida de aquel espectáculo tan inusual. Sus dedos buscaban cobijo, sus uñas buscaban desahogo y sus manos, en general, buscaban una piel a la que arrancar algún que otro susurro esporádico que le asegurase que no era cosa suya, que la piel de gallina era cosa de dos. De ellos dos.

Cuando todo empezaba a nublarse, su boca comenzó a demandar unos dientes que la sujetaran, que la mordieran, que no dejaran salir tanto calor en formato grito. Pero fue imposible. La ayuda llegó demasiado lenta, demasiado pobre, demasiado tarde, y un gemido más parecido a un ronroneo rompió el silencio que hasta entonces sólo había roto el colchón.

Se desplomó sobre sus dudas, rompiéndolas todas a una sin esfuerzo alguno, y decidió que aquella noche las estrellas no tendrían tanta luz; total, con sus ojos podía hacer la competencia a todas las constelaciones...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Felicidad auto-inducida.

Hay momentos en la vida de toda persona en la que uno se plantea que si realmente es feliz o sí, en parte, se fuerza a serlo. Y, cuando llegas ahí, ¿cómo te contestas? ¿Cómo se puede diferenciar la felicidad real, pura y brutal de la felicidad auto-inducida por la necesidad de evadirte de una realidad que no termina de convencer?

En ese punto, decides dejar que el tiempo campe libre y a sus anchas por tu vida, esperando encontrar a lo largo del camino algo a lo que acogerte; algo que, con solo pensarlo, te haga estar seguro de que en realidad sí que eres feliz. pero el silencio que tiene la noche te puede, y dejas el dilema para otro momento, uno de esos en los que el afán de auto-realización te guía y te lleva justo donde querías llegar. Sin embargo, ese momento nunca llega si no lo buscas, y escapa si no sabes aprovecharlo.

La pregunta a la quiero llegar es: ¿qué es ese algo que buscamos? ¿Familia? ¿Amistad? ¿Amor? Delimitaré estos conceptos, porque como tres de las grandes cuestiones de la existencia humana, son amplios y subjetivos. Con familia, quiero decir padres y hermanos; con amistad, aquellas personas que, aun sin compartir tus genes, estarías dispuestos a estar contigo bajo cualquier circunstancia; con amor... ¿quién puede delimitar el amor? ¿Acaso no engloba los dos conceptos anteriores?

Fingimos ser felices, y lo fingimos tan bien que conseguimos creernos nuestra propia mentira, sin plantearnos hacia dónde estamos yendo. Pero el tiempo es uno de los primeros sabios, y la vida un de las mayores putas, y no tardamos demasiado en volver al estado del que venimos: estado de tristeza, de una soledad vital que nos obliga a replantearlo todo, para después volver  a empezar el ciclo desde el principio y hasta el final.

Pero si hay amor.... las horas de silencio dejan de existir, y la noche se hace alegre y aúlla de felicidad. Todo parece cambiar, porque nunca puede ir todo mal si tienes alguien que te ama y a quien amar, porque el amor es algo bueno, algo que te llena y te realiza.