lunes, 12 de agosto de 2013

El destino de la libertad.

Me sorprende la facilidad que tiene la gente cuando dice de creer en el destino. Seguro que constantemente habremos oído la maravillosa pregunta: "¿Crees en el destino?" o la típica frase: "estábamos predestinados". Cualquiera que se ponga a pensar un poco debe de darse cuenta de que la vida, mire por donde se mire, está tocada por el azar. No resulta difícil entender que la presencia del azar invalida cualquier noción de destino.

Llegados a este punto, yo no puedo deciros si debéis creer o no, pero para mi el destino es incompatible con el libre albedrío. Si nuestra vida estuviese predestinada, la libertad que tienes al elegir una cosa en lugar de otra sería una mera ilusión, pues esa supuesta libre elección ya estaría de antemano decidida. Creer en el destino puede ser o es una buena manera de eludir nuestra responsabilidad moral.

Somos libres, nos guste o no, y las consecuencias de nuestra libertad no siempre son las que irremediablemente esperamos.  El azar y el destino son,  para mi parecer, las dos caras de una misma moneda: nuestra angustiosa libertad ineludible. Es curioso cómo cuando algo nos sale mal tendemos a creer o mejor dicho nos complace pensar que "era el destino el que quiso que fuera así"; sin embargo cuando nuestros propósitos acaban en éxito, el mérito ya no es del destino sino nuestro.

Por ello, podemos creer en el destino si así lo queremos o si simplemente nos apetece, siendo así como una salida a la que aferrarnos, pero al decir creo en la fuerza del destino ya no podemos decir que somos libres. Puesto que lo que vamos a hacer ya esta escrito en un libro, el libro de nuestra vida.

5 comentarios:

  1. Para mí existen dos posturas ante la vida: la primera (la más fácil y cómoda) es la de dejarse llevar por los acontecimientos que suceden y justificar aquello que nos ocurre con el destino, el azar o la (buena o mala) suerte; la segunda (más dura, pero mucho más valiente) es la de tomar las riendas de tu vida y luchar por lo que quieres, por difícil que sea, contra todo y todos, y sin perder de vista nunca tus objetivos.

    Con la primera opción, si no te gusta lo que te ocurre, como bien dices tú, "nos complacerá pensar que era el destino el que quiso que fuera así". En cambio, si tu postura ante la vida es la de luchar por lo que quieres, dirigiendo tu "destino", te conviertes en el "cochero" de tu destino, ya no vas en un carro sin control guiado por dos caballos desbocados que van hacia donde quieren ellos (1ª opción), sino que tú diriges el carro (tu vida) hacia donde quieres ir. Otra cuestión es si llegarás o no, pero al menos te queda la satisfacción de que lo has intentado.

    Enhorabuena por tu blog. Me alegro de que sigas escribiendo.

    Un abrazo.

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    1. Muy cierto tu comentario, me alegro que sigas por aquí leyéndome y comentándome, es todo un placer.
      Cuídate.

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  2. ¿Se puede conseguir la libertad?

    Besos con cianuro.

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    1. Creo que para poder conseguir la libertar primero debemos entender bien lo que realmente significa esa palabra. A mi parecer, la libertad absoluta no existe, es triste sí, pero la parte buena es que podemos encontrar la libertad parcial. Aunque siempre la mayor liberta se logra buscándola y siendo cada uno, uno mismo.
      Cuídate.

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    2. Entonces la palabra libertad solo sirve para intentar alcanzarla pero nunca tocarla...

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