domingo, 7 de julio de 2013

Tú y las estrellas titubeantes.

Supongo que todo lo que empieza debe de acabar, aunque nunca estemos preparados para ello. Una de estas noches de verano, las estrellas volvían a brillar en el cielo como pocas veces lo habían hecho desde que te fuiste. Yo estaba muy nerviosa como siempre cuando te veo a mi lado, sin saber que decir y sin saber a donde mirar, y tu me decías que yo estaba increíble pero el que realmente estaba increíble eras tú.

Cada vez que me mirabas y sonreías me drogabas, me quedaba como en una nube de donde no quería bajar. Tumbados en el suelo, estábamos perdiéndonos en algún rincón del infinito, sin saber como comenzar una conversación y no quitar la magia a esa noche de ensueño. No necesitábamos hablar, sólo sentirnos. Buscaste mi mano, a ciegas, y me abrazaste tan fuerte que creía que me rompía. Sentí que te quería, pero tenia miedo de volver a caer en el error, así que preferí darte un beso.

Y, de repente ocurrió algo extremadamente mágico: nos miramos. Y, tan quietos, mantuvimos esa mirada durante unos segundos, hasta las estrellas parecían que titubeaban en el cielo, creo que se alegraban de vernos tan emocionados y ensimismados en nosotros mismos, en ese momento tan lleno de magia. No sé que querías decirme con la mirada, pero tus ojos brillaban, esos ojos claros me hablaban. Consideré esa noche, otra de las tantas noches que junto a ti eran para guardarlas en el álbum de fotos; era una noche realmente perfecta.

Sólo quería detener ese momento, ese pequeño instante y que durara hasta la eternidad , gritar que el reloj dejara de marcar las horas, que se parara el mundo, creo que tu pensarías lo mismo y parecías nervioso, nunca te había visto tan nervioso, es más tu siempre me transmitías tranquilidad, paz, siempre tan tranquilo.... pero aquella noche no era así. Nos dejamos llevar y viajamos sin movernos. No sé muy bien cómo sucedió, pero sucedió nuestros ojos se apagaron y empezamos a darnos besos, recuerdo mi mano en tu pelo enredada, tu mano inquieta en mi cintura sin saber bien dónde podía posarse.

Ahora, me acuerdo de cosas que aún, si me doy cuenta no termino de comprender, supongo que no necesito entenderlo todo, hay cosas que no se tienen porque entender creo que simplemente pasan porque tienen que pasar y pensar en ellas nos hace felices. Hay cosas que no tienen una explicación aparente. Supongo que lo recuerdo porque solamente nos podemos acordar de esos momentos que quedaran almacenados por siempre en una caja infinita de recuerdos. Supongo, que sólo es eso, que sólo necesito recordarlo, recordarte.

sábado, 6 de julio de 2013

Noches de nicotina.

Y lo mejor de todo es que un día, un buen día te das cuenta, el tiempo ha pasado y sigues en el mismo lugar de siempre, con las mismas personas, los mismos problemas y con todo lo que eso conlleva. Sigues teniendo ese irremediable miedo a las despedidas y sigues sin saber que existen finales felices, porque si el final no es feliz es que aún no ha terminado ahí.

Sigues esperando y al seguir esperando terminas por desesperarte, y aprendiendo a rimar todas las inquietudes que nos dejan largas noches sin dormir, rimandolas con nicotina.No nos damos cuenta de que estas noches se convierten en jaulas, pero aun así escribes, cierras los ojos, fumas. Duermes pocas horas. La gente te mira, sonríes y ellos ni se imaginan lo que llevas por dentro, y piensas pero qué sabrán ellos.

Cuanta razón cuando dicen las apariencias engañan.  Pero a pesar de todo lo que nos duele y aprendamos a maquillarlo, a disfrazarnos cuando queremos escapar siempre buscamos algo que nos pueda servir para sonreír. Porque os diré que debemos aprender a valorar lo que nos brinda la vida, las cosas pequeñas y más insignificantes a nuestro parecer, puede ser que sean lo que más felices nos hagan.