miércoles, 26 de marzo de 2014

Siempre te escuché.

Hay momentos en la vida en los que uno coge lo que puede, en los que dejan escapar todo lo que encuentra y empieza a enfrentar la desidia con el paso de la gente.

Algunas dejan una sonrisa, un beso, un roce que a nadie más se le ocurrió… A veces, es incluso mejor y te hacen olvidar el pasado y otras veces, sabes que el pasado se quedará con todo tan rápido que sólo quieres tocar un poco más.

Lo realmente bueno de esos momentos es que no tienen definición, ni razón de ser. Nunca son sólo besos o sólo sexo o sólo tonteo.Nunca lo quieres del todo, ni quieres continuar del todo, ni quieres irte del todo, ni te dan igual del todo, ni lo olvidas del todo.

Yo siempre digo que existen los que viven como si nada fuera relevante y los que se comportan como si todo fuera una historia y cuando sabes que no quieren volver a verte o que no serás capaz de mentirle, es entonces cuando los segundos dan de sí y logras despedirte sabiendo algo más sobre él.

Esto no es que te quiera. Ni un intento. Ni nada que vaya a derivar en algo incómodo. Ni siquiera necesito hablar de ello jamás. Esto es porque, lo pareciera o no, te estaba escuchando. 
Porque me gustó lo que me decías. 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Guerra interminable.

Véndeme humo y desnúdame a tu aire, así sin más y sin prisa. Las luces de las farolas no avisan de que la noche aún no ha empezado, y nos queda toda la noche para descubrirnos entre sabanas y suspiros delirantes. No tengas prisa pero tampoco te duermas, que quiero perderme entre tus piernas. Ahora mírame, mírame a los ojos y dime que ya no te ves; esta noche no importa nada más, esta noche me dejo a tu merced, sumisa y fiel, te presto mi cuerpo, ya mañana cumpliré mi condena.

Emprendamos una lucha cuerpo a cuerpo, para comprobar quien pueda más, para arrasar con todo lo que aún quede en pie después del primer asalto.  Esto es lo que somos, bajo las sábanas, sobre los tapujos y las luces apagadas. Así que derrotame en tu cama, dejaré que me ganes pero despúes déjame que te grite mi rendición sobre tu almohada.

Dame un escrito donde te firme el final de la guerra sin paz que valga, para que siempre podamos volver a emprenderla, pues aunque ganes esta batalla, siempre volveré a por la segunda para hacer de estas luchas una guerra sin final predecible.

jueves, 3 de octubre de 2013

No quiero hacer lo que quiero.

No sabemos por qué, pero constantemente nos pasa que no hacemos lo que queremos o lo que nos gusta; elegimos no divagar, no pensar, no soñar, no disfrutar. ¿Por qué? Quizá porque no queremos hacer esperar a nuestras obligaciones, cuando creo que nuestras obligaciones deberían ser nuestros deseos. Muchas veces no hacemos lo que queremos, postergamos o dejamos a un lado nuestros sentimientos, pensamientos que son realmente importantes aunque a veces nos parezcan tonterías, porque no somos libres; estamos presos de las responsabilidades que nos imponen otros.

Eso no significa que haya que dejar todo a la deriva, sino que no deberíamos encasillarnos tan sólo con nuestras propias obligaciones; que nos demos gustos, gustos personales. ¿Por qué si queremos irnos de viaje unos días no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta fumar cositas que nos hacen reír, no lo hacemos? ¿Por qué si nos gusta o nos apetece follar con alguien simplemente, no podemos? ¿Por qué tenemos que dejar de vivir por complacer a nuestros deberes cotidianos? Seguramente, porque casi todo está o mal visto, o prohibido, o sencillamente por nuestros propios prejuicios.

Otra teoría serían las etiquetas, si en un momento determinado nos apetece hacer algo con alguien, la pregunta es: ¿Por qué no? Si disfrutamos y nos divertimos haciendo algo que nos gusta a los dos por igual y nos satisface, es algo no es nada malo; pero enseguida etiquetamos y llegan los prejuicios "hacemos esto con alguien porque..." A mi no me gusta hablar de etiquetas, no me gustan y de hecho procuro no etiquetar nada ni sentimentalmente, ni en la amistad, ya que etiquetar a las personas es un defecto que nos llega de fábrica. ¿No sería mejor hacer lo que nos guste sin la preocupación de etiquetar?

La gente vive presa de sus propias exigencias porque no sabe plantearse qué es lo que realmente quiere. Creo que cada uno de nosotros deberíamos hacernos la misma reflexión: ¿Cuántas veces hago lo que realmente quiero hacer, y cuantos deseos postergo? Esta reflexión da mucho juego, a muchos ámbitos de nuestra vida.

Pero, por qué esperar a tener 70 años y saber que uno se está muriendo, para darse cuenta de que desaprovechó la mayoría de sus instantes porque no se planteó en el momento elegir entre una cosa y otra, cuál era su deseo. En este momento, mi mayor anhelo es que no me suceda lo mismo. Si en un momento tienes ganas de hacer algo hazlo, no retrases porque puede que ya no lo hagas.  

lunes, 23 de septiembre de 2013

Simplemente gracias.

"Por el cariño,
la paciencia cuando todo iba mal.
Gracias por esas cosas que no se deben contar."


Siempre habrá alguien al que tengamos que darle las gracias una y mil veces, por todo. Esta entrada es para ti, y para todas esas personas que sientan que deben de darle las gracias a esas personas que tanto les han ayudado. Porque una persona te puede ayudar tanto que puede hasta cambiarte la vida y la manera de pensar.







Llámalo X.

Unos labios rozaron sus caderas y sus ojos se cerraron, apagando el universo. Esa sensación infinita había vuelto a amanecer con la llegada de la noche, y si nunca había sido capaz de pararla, aquella vez no iba a ser una excepción.

Todos y cada uno de los poros de su cuerpo se estremecieron al contacto de unas manos extrañas que recorrían su cuerpo como si lo conocieran mejor que el mismo, como faros que deambulan por las vías de una autopista buscando un destino cuando menos incierto.

El corazón le bombeaba hasta casi suplicar que lo sacaran de aquel pecho que, momentos antes, había estado habitado por unos ojos que anhelaban consuelo. Su consuelo. El éxtasis se le subió a las pestañas, impidiendo con su peso que aquellos ojos, carentes ya de norte, de sur y de dirección, se abriesen de nuevo.

Sus manos pedían auxilio para soportar el peso de la huida de tanta tristeza, que escapaba despavorida de aquel espectáculo tan inusual. Sus dedos buscaban cobijo, sus uñas buscaban desahogo y sus manos, en general, buscaban una piel a la que arrancar algún que otro susurro esporádico que le asegurase que no era cosa suya, que la piel de gallina era cosa de dos. De ellos dos.

Cuando todo empezaba a nublarse, su boca comenzó a demandar unos dientes que la sujetaran, que la mordieran, que no dejaran salir tanto calor en formato grito. Pero fue imposible. La ayuda llegó demasiado lenta, demasiado pobre, demasiado tarde, y un gemido más parecido a un ronroneo rompió el silencio que hasta entonces sólo había roto el colchón.

Se desplomó sobre sus dudas, rompiéndolas todas a una sin esfuerzo alguno, y decidió que aquella noche las estrellas no tendrían tanta luz; total, con sus ojos podía hacer la competencia a todas las constelaciones...

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Felicidad auto-inducida.

Hay momentos en la vida de toda persona en la que uno se plantea que si realmente es feliz o sí, en parte, se fuerza a serlo. Y, cuando llegas ahí, ¿cómo te contestas? ¿Cómo se puede diferenciar la felicidad real, pura y brutal de la felicidad auto-inducida por la necesidad de evadirte de una realidad que no termina de convencer?

En ese punto, decides dejar que el tiempo campe libre y a sus anchas por tu vida, esperando encontrar a lo largo del camino algo a lo que acogerte; algo que, con solo pensarlo, te haga estar seguro de que en realidad sí que eres feliz. pero el silencio que tiene la noche te puede, y dejas el dilema para otro momento, uno de esos en los que el afán de auto-realización te guía y te lleva justo donde querías llegar. Sin embargo, ese momento nunca llega si no lo buscas, y escapa si no sabes aprovecharlo.

La pregunta a la quiero llegar es: ¿qué es ese algo que buscamos? ¿Familia? ¿Amistad? ¿Amor? Delimitaré estos conceptos, porque como tres de las grandes cuestiones de la existencia humana, son amplios y subjetivos. Con familia, quiero decir padres y hermanos; con amistad, aquellas personas que, aun sin compartir tus genes, estarías dispuestos a estar contigo bajo cualquier circunstancia; con amor... ¿quién puede delimitar el amor? ¿Acaso no engloba los dos conceptos anteriores?

Fingimos ser felices, y lo fingimos tan bien que conseguimos creernos nuestra propia mentira, sin plantearnos hacia dónde estamos yendo. Pero el tiempo es uno de los primeros sabios, y la vida un de las mayores putas, y no tardamos demasiado en volver al estado del que venimos: estado de tristeza, de una soledad vital que nos obliga a replantearlo todo, para después volver  a empezar el ciclo desde el principio y hasta el final.

Pero si hay amor.... las horas de silencio dejan de existir, y la noche se hace alegre y aúlla de felicidad. Todo parece cambiar, porque nunca puede ir todo mal si tienes alguien que te ama y a quien amar, porque el amor es algo bueno, algo que te llena y te realiza.

miércoles, 21 de agosto de 2013

Amor nostálgico.

El amor. ¿Qué es? La gran incógnita del ser humano, la asignatura pendiente para muchos. ¿Alguien sabe lo que es? Es algo tan sumamente fuerte que hasta el corazón mas duro, más impenetrable puede dañarlo; algo tan mágico que puede hacer que vivas por él y para él. Son alegrías, ternura, y muchas de las veces la irremediable tristeza.

Un amor no dura eternamente, pero siempre permanece presente en todos nuestros pensamientos. Se encuentra en nuestra memoria almacenado y en el corazón siendo así sólo morirá cuando nosotros irremediablemente lo hagamos. Quién cree que vive compartiendo su cuerpo, su cama, sus ilusiones y piensa que cree que ha encontrado el amor... se equivoca, el amor es locura, es monotonía, un cariño duradero, querer y no poder vivir si él.

Realmente quién tiene la oportunidad de conocer el amor verdadero, el duradero en un corazón, el nostálgico, el que no puede ser reemplazado pero si suplantado por otra persona que quiera compartir algo más que el amor, pensamientos, familia, dinero, tiempo... sobretodo tiempo; tiene un tesoro que tiene que saber conservar y sobretodo valorar. El amor es corto, y el olvido suele ser largo, me pregunto diariamente si ¿podemos tener lo que con fuerza deseamos?